Mi primo y yo, desde los 13 años – P3 Mientras su pene bombeaba aún dentro mío, llevó sus dedos a mi boca, e instintivamente la abrí para limpiar mi propio semen de su mano. El morbo sobrepasó cualquier límite cuando también él comenzó a lamer sus propios dedos.. Durante el día no dejamos de intercambiar risas, abrazos y besos, e incluso cuando los adultos ya habían vuelto, las miradas cómplices seguían presentes. Me encantaba Diego, o lo que conocía de el hasta ese momento. Por ratos me veía tentado — y él también — a avanzar un poco más, pero debíamos conservar nuestras energías. Quedaba mucho verano por delante, y esa noche en específico era prometedora. A sabiendas de cuáles eran sus pretensiones, me puse a buscar discretamente en mi teléfono sobre sexo anal, y gracias a un blog descubrí que había que hacer una especie de lavado y evitar comer antes del acto, así que eso hice, ...