AVENTURAS BARRIALES (AL FIN, LUCAS, ME BESÓ Y COGIÓ)
Una vez dentro de la obra, Lucas me dio un beso en la boca, beso que disfruté de una manera increíble.
Hola a todxs.
(Sugiero, siempre, leer mi relato anterior)
Prosiguiendo con esta “saga” de “aventuras barriales”, aquí va otra de mis
experiencias, siempre ciento por ciento reales, inclusive los nombres de
pila.
En esta ocasión, los protagonistas de este relato son:
Lucas: 13 años.
Marcelo: 10 años.
Adrián: 10 años.
Sandra (hermana de Adrián): 13 años, recién cumplidos.
Yo (Marcos): 9 años.
Tal y como comenté en el relato anterior, nuestras “aventuras barriales”,
giraban en torno al sexo y, aunque no todos los días (De haber sido por mí,
seguramente me habrían cogido “todos los días e inclusive más de una vez por
día”), sí solían darse entre dos o tres veces por semana, tanto de manera
grupal o de a dos o tres, dependiendo siempre de la circunstancia, porque
nada de ello era planeado u organizado con anticipación, sino que “nos salía
naturalmente”.
Una tarde, estábamos en una de las tantas esquinas del barrio, Marcelo,
Adrián y yo; sentados en la vereda, con las rodillas flexionadas (no con las
piernas extendidas) y como los tres vestíamos pantalones cortos (el mío,
como de costumbre, ajustado, ceñido y bien cavado), aproveché la posición e
introduciendo mis manos a través de las piernas, comencé a tocarles las
pijas fláccidas, tanto a Adrián, que estaba a mi derecha, como a Marcelo, a
mi izquierda.
Las erecciones, a esas edades (10 años los dos chicos y 9 años, yo), no
siempre tienen que ver con estimulaciones, sino que dependen de otros
factores y, en aquella ocasión, a mis dos amiguitos, no se les había parado,
así que yo jugaba con ambas pijas fláccidas, simplemente, porque me gustaba
y mucho hacerlo.
Ello era de lo más común y normal, inclusive que alguno de los chicos me
toquetee y manosee mi super culazo y la conversación seguía de manera
natural, al punto tal que, en varias ocasiones, ni siquiera terminábamos
teniendo relacione sexuales, pero, aquella tarde-noche, no fue ello
precisamente lo que ocurrió, porque Marcelo dijo:
“Vamos a coger” y agregó:
“Cojamos en la obra de allá, enfrente”
En relatos anteriores, también he hecho hincapié en que, por aquellos años,
el barrio estaba en plena formación y había muchas casas en construcción,
obras que, por no haber inseguridad de ningún tipo, permanecían totalmente
abiertas e inclusive con materiales, maquinarias y herramientas en su
interior, ya que “nadie tocaba algo que no era suyo” (hoy en día, ello sería
imposible).
Sin decir palabra alguna, los tres nos pusimos de pie y cruzamos la calle,
para introducirnos en aquella casa a medio construir y una vez allí,
buscamos el lugar propicio (el más reservado y lejos de posibles miradas
indiscretas) y nos desnudamos de la cintura para abajo.
“¡Que hermoso culo tenés, Marcos! ¡Cómo me gusta!” – Dijo Marcelo, mientras
se acercaba a mí para tocármelo.
“¡Es cierto!” – Exclamó Adrián y agrego:
“Lo tenés más lindo vos que mi hermana”
“¿Cómo sabés? ¿Le viste el culo a Sandra? – Le pregunté
“¡Un montón de veces! ¡Si ella usa malla cola-less en la playa!” – Dijo
Adrián.
“¡Bueno! ¿Quién me coge primero?” – Pregunté y antes que alguno de los dos
me respondiera, Marcelo se ubicó detrás de mí y comenzó a apoyarme su pija,
aún fláccida.
“¡Ah! ¡Oh! ¡Oh! ¡Ah! ¡Cómo me gusta cogerte!” – Exclamó Marcelo, ya que,
aún sin penetrarme, le gustaba y mucho apoyarme, así, por detrás.
Mientras Marcelo me cogía, yo me entretenía manoseando la pija, también
fláccida de Adrián, la que, entre tanto toqueteo, tuvo una erección.
“¡Dejáme metérsela en el culo! ¡Dale, que ya se me paró!” – Le dijo Adrián
a Marcelo y este, no de muy buen grado, se corrió a un costado.
No sin dificultad (yo tuve que ayudarlo), Adrián me penetró y empezó a
cogerme; por suerte, para mí, su erección duró bastante, hasta que un
viscoso líquido seminal (solo unas gotitas), salieron de su verga.
Marcelo y Adrián se dejaban coger o cogían entre ellos, solamente cuando
estaban Raúl y Roberto, porque eran ellos dos, los que organizaban siempre
“las cogidas grupales”, así que, como en esta ocasión, ninguno estaba
presente, los chicos aprovecharon para cogerme a mí y por un buen rato,
aunque Marcelo solamente logró “apoyarme”, sin poder penetrarme.
Cuando ambos terminaron de entretenerse con mi culo, les pedí que me
dejasen chuparles las pijas fláccidas, ya que, como era tan malo mamando
vergas grandes, duras y erectas (Raúl y Roberto, entre otros tantos más,
solían quejarse porque se las lastimaba con los dientes), me gustaba y
mucho, meterme las pijas en la boca y succionar, como si fuesen “un
chupetín”, así que me arrodillé, entre ambos y empecé a chupar sus
entrepiernas, aunque nunca supe, a ciencia cierta, si los chicos sentían
algún tipo de placer al respecto.
Después de esa breve pero intensa cogida y mientras nos volvíamos a poner
calzoncillos y pantalones, yo le pregunté a Adrián:
“¿Roberto ya se cogió a tu hermana?”
“¡No!” – Respondió Adrián y agregó:
“A mi hermana no le gusta Roberto. A ella le gusta Lucas”
Y finalizó, preguntándome:
“¿A vos también te gusta Lucas? ¿No?”
“¡Ay! ¡Sí! ¡Me encanta! ¡Es tan lindo!” – Respondí, mientras ya salíamos de
la obra en construcción y tomábamos cada uno por su lado.
Habían pasado un par de día y en eso mi cruzo con Lucas, quien se acercó
hacía mí y me dijo:
“Así que cogieron con Adrián y con Marcelo ¡Bah! Ellos te cogieron a
vos”
“¡Sí! ¿Quién te dijo?” – Le pregunté.
“Adrián” – Respondió
“¿Y que más te dijo?” – Volví a preguntar.
“¡Que yo te gusto! ¿Es cierto?” – Respondió.
“¡Sí! ¡Es cierto!” – Dije, así, abiertamente y sin ningún tipo de
preámbulos.
“¡Vení! ¡Entremos acá!” – Susurró señalándome la entrada a otra de las
tantas obras en construcción (Hoy en día, suelo, a veces, recorrer el barrio
y mirar todas las casas, varias de ellas ya totalmente terminadas e incluso,
algunas remodeladas y pienso, para mis adentros “Allá me cogieron. Ahí
también. En esta otra, también. Acá, me re-contra cogieron”).
Una vez dentro de la obra, Lucas me dio un beso en la boca, beso que
disfruté de una manera increíble y más aún cuando, mirándome a los ojos, me
dijo:
“¡Vos también me gustás mucho! ¡Sos re-lindo!”
Mientras Lucas me volvió a besar en la boca (yo mantenía los ojos cerrados
y solamente me dejaba besar), comenzó a hurgar con sus manos en mi parte
trasera, así que yo, sin despegar mis labios de los suyos, bajé mi pantalón
cortito y mi calzoncillo, dejando el culo desnudo, solo para él.
Yo me sentía feliz, inmensamente feliz; ese chico que tanto, pero tanto me
gustaba, me estaba besando en la boca, mientras me abrazaba y manoseaba mi
culo; cómo él era más algo que yo, lo rodeaba del cuello con mis brazos;
sabía que luego de esos hermosos, apasionados y dulces besos en la boca,
Lucas terminaría cogiéndome, poseyéndome, tomándome y haciéndome suyo.
¿Puede, un chico de nueve años, sentir todo aquello? Créanme que sí. Había
deseado que llegara ese momento y, al fin, se estaba haciendo realidad tal
deseo, porque estuvimos besándonos un largo, un larguísimo rato.
“¡Qué hermoso culo tenés, Marquitos! ¡Qué culo precioso! ¡Cómo me gusta tu
culo!” – Susurraba Lucas mientras me besaba, toqueteaba y manoseaba mi
culo.
“¿Te vas a dejar coger? ¿Me vas a dejar que te coja?” – Me preguntó, a
sabiendas de que mi respuesta sería afirmativa, pero, bueno, si ello quería
escuchar de mi propia boca, había que darle el gusto, después de todo, me
estaba haciendo más que feliz.
“¡Sí! ¡Cogeme! ¡Dale! ¡Metémela en el culo!” – Le respondí, mientras
volteaba, me quitaba la ropa por completo y me acomodaba, aferrándome contra
una pared.
Lucas me apoyó su verga, fláccida aún, pero así y todo mucho más grande que
las pijas de Adrián y de Marcelo y comenzó a menearse y hacer el típico
movimiento de pelvis.
“¿Tanto te gusta que te cojan? ¿Nunca decís No, cuando te quieren coger?” –
Preguntó Lucas, sin dejar de moverse y antes de que le responda, volvió a
decir:
“Mirá que ya organizamos un montón de cogidas y, a veces, algunos de los
chicos no quieren, ni coger, ni dejarse coger, pero vos siempre te
dejás”
“¡A mí me gusta mucho! ¡Siempre me gustó! ¡Me encanta que me cojan y que me
besen en la boca!” – Dije y agregué:
“Y, sobre todo, los chicos que me gustan mucho, como vos ¡Vos me gustás un
montón! ¡Sos muy lindo!”
Rápidamente, me di cuenta que ello le gustaba y mucho, es decir, a Lucas le
agradaba oír de mi propia boca, que “él era un chico lindo y que me gustaba
mucho”.
Entre tanta confesión, de amor y de gustos, a Lucas se le paró la pija y se
le puso bien dura, así que, saliva mediante, me penetró casi sin dificultad
(mi orificio anal ya estaba súper entrenado, a pesar de mis 9 añitos de
edad).
“¡Ay!” – Exclamé.
“¡Qué pasó! ¡Te dolió!” – Preguntó Lucas.
“¡No!” – Respondí y agregué:
“¡No fue una queja! ¡Fue un suspiro! ¡De tanto que me gusta todo esto!”
Lucas empezó a cogerme como realmente se debe hacerlo y yo no cabía en mí;
no sabía, a ciencia cierta, como explicar esa situación, ya que si bien yo
siempre fui muy enamoradizo y, a pesar de mi corta edad, solía enamorarme y
mucho, en esta ocasión se trataba de una mezcla de muchas sensaciones; ya
que por un lado, Lucas era el chico del barrio que más me gustaba y además,
ya me había cogido en otras tantas ocasiones, pero en esta oportunidad, algo
había de diferente y ello era muy difícil, para mí, de comprender realmente
“que me pasaba”.
Para alguien que nació, prácticamente, gustándole la pija, el tenerla
dentro del culo, era la felicidad total y completa y mucho más aún, cuando,
en determinado momento y sin dejar un instante de cogerme, volteé la cabeza
hacia atrás y recibí un hermoso y apasionado beso en la boca, que me dio
Lucas.
Coger y dejarse coger; agarrar las vergas con la mano y, eventualmente,
chupar alguna que otra pija, podría ser algo “hasta normal, común y natural,
entre los chicos de aquel entonces, en la barriada”, pero hacer todo ello y
además recibir besos en la boca; eso sí, solamente era menester de unos
pocos, sino de mí, solamente.
Lucas siguió cogiéndome por un buen rato, hasta que acabó, hasta que
eyaculó abundantemente y me llenó el culo con su “leche caliente”.
Yo, aguardaba hacer lo que siempre hacíamos, luego de una cogida, fuera
esta en el contexto o en la situación o circunstancia que fuera, es decir, a
vestirse, acomodarse la ropa y cada uno por su lado, pero, en esta ocasión,
la suerte estaba de mi lado; los planetas y los satélites, se habían
alineado para mí, ya que Lucas, volvió a darme un dulce beso en la boca y
mucho más aún, me dijo que, a partir de aquella vez, independientemente de
alguna que otra “cogida en grupo”, iríamos a coger solamente los dos y, por
supuesto, a besarnos en la boca.
En el barrio, todo se sabía, si no era por boca de uno, alguien siempre se
enteraba y lo comentaba abiertamente; fue así, que fui yo mismo quien, a los
primeros en contarles acerca de aquella “memorable cogida con Lucas”, fue a
Marcelo y a Adrián, con todo “lujo de detalles y sin omitir absolutamente
nada”.
Al día siguiente, todo el barrio ya estaba al tanto de lo que había
sucedido y dentro de ese “todo el barrio”, estaba también Sandra, la hermana
de Adrián, quien me abordó, directamente y me preguntó:
“¿Es cierto que te besaste con Lucas?”
Obviamente mi respuesta fue afirmativa y después de todo, no tenía por qué
negarlo.
“¿Y te cogió también?” – Volvió a preguntarme.
“¡Sí!” – Respondí, enfáticamente.
¿Cómo terminó aquella conversación? De la manera más graciosa, tal vez, ya
que Sandra me pidió que le contara “también todo y con lujo de detalles”, a
lo que yo respondí, otra vez, afirmativamente, pero puse una condición: “Qué
ella me contase a mí, quien, en el barrio, había sido el que le hizo perder
su virginidad, es decir, quien se la había cogido a ella”.
A partir de ese día, Sandra y yo fuimos confidentes y nos contamos “todo,
absolutamente todo”.
Soy marcoscomodoro y mi correo es: comodoromarcos9@gmail.com
Espero sus valoraciones y sus comentarios, pero sobre todo, que me escriban
a mi correo.
Besos a todxs.
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