AVENTURAS BARRIALES (MARQUITOS: PUTITO Y CULON)
“Qué bueno está este lugar para coger” e inclusive se encargó de formar, él mismo, las parejas. “Lucas, vos cogételo a mi hermano (Marcelo). Roberto con Adrián y Yo, con Marquitos”.
Hola a todxs.
Cuando uno prueba una pija a muy corta edad (En mi caso particular, la
primera penetración anal me la hicieron a los 8 años, pero ya, desde mucho
antes, me gustaba “a horrores”, que toqueteen y manoseen mi super culo y
que me apoyaran allí los “pitos”) y ello termina por gustarle, pero no un
“gusto circunstancial, casual, pasajero, etc.”, sino, de tal manera, que
de allí en más eso se convierte en lo más importante, más aún que
cualquier cosa que pueda llegar a desear o necesitar “un chico de esa
edad”, ya no hay vuelta atrás.
Toda mi corta vida, más allá del ámbito familiar, escolar, barrial,
social, etc., giraba en torno al sexo y, para colmo, a esa edad todo
resulta mucho más fácil, simple y sencillo llevarlo a cabo, por un montón
de factores, motivos y razones, todos ellos relacionados con el contexto
de aquellos años.
Tal y como siempre recalco, cada vez que publico un relato similar, mis
“andanzas sexuales”, tuvieron lugar hace más de cuarenta y cinco años
atrás; es decir, sin internet, sin telefonía celular, sin video cable ni
nada que se le pareciera y lo poco o casi nulo que un chico podía
conseguir, en materia de pornografía, era alguna que otra revista que un
padre o un hermano mayor, guardaba en su casa y “bajo siete llaves” y
todas ellas referidas a relaciones “heterosexuales”.
Por aquellos años, estaba muy internalizado en el tema “los nenes, con
los nenes y las nenas, con las nenas”, en todos los aspectos de la vida
misma, al menos en cuanto a las relaciones infantiles de todo tipo; así,
por ejemplo, en el barrio, a la hora de los juegos, estaban por demás
establecidos de antemano, aquellos que correspondían a los “varoncitos” y
los que eran para “las niñas” y lo mismo ocurría en el ámbito escolar, ya
que, a la hora de un “recreo”, los chicos iban por un lado y las chicas
por el otro.
Obviamente, había excepciones y algunos “nenes” sí jugaban con “nenas” y
viceversa, sobre todo porque no es lo mismo, por ejemplo, una “nena de 10
años” y un “nene de 10 años” (en cuanto a “juegos sexuales”, por
supuesto).
Hechas todas estas aclaraciones y comentarios, comienzo con esta saga que
he titularizado “aventuras barriales” y que contendrá varios capítulos,
siendo este, lógicamente, el primero de ellos y cuyos personajes (todos
ellos reales, inclusive con sus propios nombres de pila), son los
siguientes:
Raúl, el mayor de todos, de 14 años.
Roberto, quien le seguía en edad, 12 años.
Marcelo, de 10 años y hermano de Raúl.
Adrián, también de 10 años.
Lucas, de 13 años.
Yo (Marcos), el menor de todos, con solo 9 añitos.
Luego de haber jugado un partido de Fútbol, en una de las tantas
“canchitas” que abundaban en el barrio, por aquel entonces, los seis
chicos nos separamos del resto y tomamos rumbo a un sitio aledaño, en el
cual, unos matorrales, formaban una especie de división entre las últimas
casas y un gran “descampado”.
Una vez allí, Raúl, que siempre solía llevar la voz cantante, tanto por
ser el mayor de todos, como por su condición de “líder natural”, dijo:
“Qué bueno está este lugar para coger” e inclusive se encargó de formar,
él mismo, las parejas.
“Lucas, vos cogételo a mi hermano (Marcelo). Roberto con Adrián y Yo, con
Marquitos”
Lucas: “No vale. Vos siempre querés coger a Marcos, porque sabés tiene el
culo más lindo del mundo”.
Raúl: “No seas pelotudo. Después cambiamos. Es solo para empezar”.
Inmediatamente después de esa breve conversación, nos desvestimos y nos
quedamos completamente desnudos.
Si bien Raúl había formado las parejas, solo Lucas y él, eran los que ni
siquiera se dejaban tocar el culo, en cambio el resto, no tenía problemas
en hacer “cambiaditas” entre ellos (una vez cada uno), salvo y por obvias
razones, yo, que siempre “recibía por detrás”.
Marcelo, el hermano menor de Raúl, se arrodilló en el suelo y comenzó a
chuparte la pija, aún fláccida, a Lucas.
Roberto, tomó a Adrián por detrás y empezó a apoyarle la pija en el culo,
sin penetrarlo aún, porque no se le había parado.
A Raúl, le gustaba besarme en la boca, porque, según él, yo tenía que
dejarme hacer de todo, por ser el más puto del grupo (y del barrio).
Los seis estábamos allí, todos juntos, por lo que, independientemente de
las parejas, todos veíamos lo que hacían los otros.
Adrián: “¡Ay! ¡Esperá, boludo! ¡Así no! ¡No vez que me duele, así!”
Roberto: “Raúl ¿Trajiste?”
Raúl: “¡Sí! ¡Está en la mochila!”
Obviamente no se refería a algún tipo de preservativo, ni nada que se
pareciese, ya que, en aquellos años, nunca utilizábamos protección alguna,
más aún, muchos de nosotros (yo incluido) ni siquiera sabíamos que
existían, pero lo que sí sabíamos, era que debíamos, antes de una
penetración propiamente dicha, lubricar muy bien, tanto la pija del
“penetrador”, como el culo del “penetrado” y Raúl, siempre llevaba una
buena cantidad de lubricante en su mochila.
Roberto se embadurnó su verga por completo e hizo lo propio con el culo
de Adrián, para, inmediatamente después, penetrarlo sin mayor dificultad y
comenzar a cogérselo.
Roberto: “Si tu hermana se dejara coger, yo no te estaría cogiendo a
vos”.
Adrián: “No quiere coger con vos” (La hermana de Adrián, tenía entonces
12 años y ya se rumoreaba, en el barrio, que no era “virgen”).
Roberto: “¿Cómo sabés que no quiere coger conmigo?”
Adrián: “Porque yo le dije que a vos te gusta y que la querés coger”
A todo esto, Lucas y Marcelo, ya habían inclusive, hasta intercambiado
las posiciones y se habían penetrado “el uno al otro”.
Raúl: “Ay, Marquitos, qué bueno estás, sos tan lindo y tan puto… Te voy a
coger todo ese culo hermoso que tenés”
Mi “cogedor” se lubricó muy bien toda la verga e hizo lo propio con mi
culo, para después, penetrarme con suma facilidad (Carlos, el hombre de 30
años, que me había penetrado por primera vez, el año anterior, me había ya
dejado el orificio anal “muy bien entrenado”).
Roberto, tenía su pija bien adentro del culo de Adrián; Lucas, hacía lo
propio con Marcelo y, obviamente, Raúl, tenía ya su “mástil” bien adentro
de mi culo.
Lucas y Marcelo estaban cogiendo de una forma espectacular; uno le daba
al otro dos o tres pijazos en el culo e inmediatamente cambiaban las
posiciones.
Entre los seis, solo Raúl, Lucas y Roberto ya eyaculaban y el resto, por
obvias razones de edad, aún no, aunque, a Marcelo, ya le comenzaba a salir
el líquido pre seminal.
Raúl me estaba cogiendo como siempre lo hacía; le gustaba metérmela y
sacármela, varias veces y después, me la ponía bien al fondo y se quedaba
pegado, a mí, durante un rato, para después arrancar de nuevo, con sus
movimientos pélvicos.
Solo se oían gemidos y jadeos de placer, tanto entre quienes “cogían”
como quienes éramos “cogidos”, con excepción de Raúl, ya que él sí,
mientras me cogía, se deshacía en halagos y en elogios hacia mi monumental
culo.
A mí, particularmente, de aquellos chicos, el que más me gustaba era
Lucas y si bien era Raúl, el que mejor me cogía, siempre esperaba con
ansias el turno del más “carilindo de todos”, pero, tal vez, lo más
simpático y gracioso de todo esto, era que, a Susana, la hermana de
Adrián, a quien Roberto quería cogerla, también le gustaba Lucas, es
decir, que este buen chico estaba en el gusto, tanto de ella como de
mí.
Cuando Raúl “se deslechó” dentro de mi culo, comenzó la parte más
excitante, al menos para mí, pero creo que para el resto también, ya que
todos deseaban tener para sí, aunque más no fuese un “ratito”, a mi
increíble y maravilloso culo.
Roberto me la puso muy bien puesta y sin dejar tampoco de exclamar:
“Qué hermoso culo. La puta madre ¿Cómo podés tener semejante culo? Si
tuvieras concha, estarías mejor que la hermana de Adrián” (Ya que me
comparase a mí, con Susana, no dejaba de ser un gran elogio).
Cuando Roberto terminó de acabar, también dentro de mi culo, les tocó el
turno a Marcelo (el hermano de Raúl) y a Adrián, pero como a ellos “se le
paraba la pija muy poco aún”, apenas pudieron penetrarme, aunque, así y
todo, también disfrutaron de ese culo, que tanto los alucinaba.
Faltaba Lucas, quien, como cité anteriormente, era el que más me gustaba
de todos y quien hubiese querido que me besara en la boca, pero a él solo
le interesaba mi culo; quería meterme su pija y cogerme y ello fue,
precisamente, lo que hizo.
“¿Tanto te gusta que te cojan, Marquitos? ¿Tanto te gustan las pijas?” –
Me preguntó Lucas, mientras embestía contra mi culazo, una y otra vez.
“Y con semejante culo, como no se va a dejar coger, lástima que todavía
no aprendió a chupar la verga” – Fue el comentario de Raúl, porque varias
veces le clavé los dientes en la pija (me gustaba chupar los “picos” más
chicos y cuando estaban aún fláccidos, porque los podía manejar mejor con
la boca, en cambio, a las vergas más grandes, siempre las rozaba con los
dientes y los chicos pegaban flor de grito).
Finalmente, volví a quedarme con las ganas de recibir los besos en la
boca, por parte de Lucas, porque, después de llenarme el culo con su
delicioso y tibio néctar (cuando termina la excitación, al no haber “amor
después del amor”, nos volvimos a vestir y allí finalizó la cogida).
Era tan normal, tan común y tan natural todo aquello, que ni siquiera
daba lugar a hacer el más mínimo comentario al respecto, inclusive
salíamos de una situación similar y podíamos, tranquilamente, volver a
jugar al Fútbol o hacer cualquier otro tipo de actividad barrial.
Tal vez, la única diferencia entre el resto de los chicos y yo, era que,
después de semejante cogida, cada vez que tenía que ir al baño, mi culo
seguía “despidiendo lechita”.
Soy marcoscomodoro y mi correo es: comodoromarcos9@gmail.com
Espero, ansioso, sus valoraciones y sus comentarios (sobre todo estos
últimos), ya que me permite conocer el gusto de lxs lectorxs.
Besos a todxs.
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