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Quedandome solo con papa Dia 3

debut sexual en el colegio




DEBUT SEXUAL EN EL COLEGIO (TRES CONTRA UNO)
 

 

con 13 años, ingresé a la escuela secundaria (por aquel entonces, en argentina, la educación primaria era de 7 años y la secundaria, o media en algunos países, era de 5 años), en el turno tarde, es decir, primero y segundo año, ingresábamos a las 13:00 y el horario de salida era 17:30 y el turno mañana, ingresaba 8:00 y salía 12:30.

 

Y, en cuanto a las clases de educación física (teníamos 2 veces a la semana), nosotros las teníamos de mañana y, por el contrario, ellos las tenían durante las tardes.

 

Yo ya era un chico gay ultra, hiper, super pasivo, con muchísima experiencia, a pesar de mi edad, por haber comenzado durante mi niñez (sugiero leer todos mis relatos anteriores) y, como no podía ser de otra manera, rápidamente comencé a mirar al resto de mis compañeros, algunos de ellos realmente muy pero muy lindos.

 

Pero mi debut sexual en la escuela secundaria, no fue precisamente con mis compañeros de primer año, sino que se produjo con tres chicos de quinto año (el último), cuyas edades oscilaban entre los 17 y 19 años, puesto que había un repitente en dicho grupo.

 

El hecho de que yo fuese gay, nada tenía que ver, por ejemplo, con presentar aspecto afeminado o algo así y, además, siempre fui muy bueno en la práctica de actividades deportivas, motivo por el cual siempre me destaqué en las clases de educación física, participando, por ejemplo, en exhibiciones de gimnasia, en competencias de atletismo y en equipos de fútbol, basquetball, etc.

 

Hago mención directa a las clases de educación física, por que a partir de allí se produjo mi encuentro sexual, ya que los chicos en cuestión, del turno mañana, durante los recreos, se juntaban en el gimnasio del colegio, para mirar nuestras actividades deportivas.

 

“¡El chico rubio, de cabello largo; es puto! ¡Qué te apuesto!” – Escuché a uno de ellos, mientras me terminaba de cambiar en el vestuario.

 

“¿Cuál? ¿El culón? ¿Cómo lo sabes?” – Oí preguntar al otro e inmediatamente intuí que se referían a mí.

 

“¡Por la forma en la que me mira! ¡Creo que le gusta la pija!” – Respondió y agregó:

 

“¡Vamos a tocarle el culo y ahí vemos si le gusta!”

 

Yo ya estaba excitado de solo escuchar la conversación, pero ninguno de ellos había notado mi presencia allí, tan cerca de ellos, así que salí del vestuario, pero lo hice por otro sector y volví a ingresar al gimnasio para dirigirme hacia la puerta de salida, porque, para ello, debía pasar por el lugar donde se encontraban los tres chicos.

 

Cuando pasé frente a ellos, crucé ligeramente una mirada cómplice y una sonrisa pícara y socarrona y recibí, a modo de respuesta, un suave toquecito en uno de mis “carnosos cachetes”, a lo que también, a modo de respuesta, me toqué yo mismo el culo y giré la cabeza hacia atrás, siempre sonriendo de la misma manera.

 

A decir verdad, no supe en ese momento, quien había sido el chico que me dio ese toquecito, pero, inmediatamente a mi propio toque, uno de los chicos me tocó el culo, pero de la manera que realmente se debe tocar.

 

“¡Ah!” – Exclamé en forma de susurro.

 

“¿Te gusta?” – Preguntó el chico.

 

“¡Sí! ¡Mucho!” – Respondí.

 

“¿Quieres que vayamos de nuevo al vestuario?” – Volvió a preguntar.

 

“¡Vamos!” – Dije y agregué:

 

-“Pero ¿No viene nadie? ¿No nos van a ver acá?”

 

“¡No! ¡Tranquilo! El de ustedes, fue el último turno de educación física; además, nosotros sabemos como trabar la puerta para que no entre nadie” – Contestó el chico, pero, si bien yo ya estaba muy caliente y quería que me cogiesen lo más rápido posible, también me preocupaba que notasen, en clase, la ausencia de esos tres chicos y ello también fue prontamente respondido:

 

“¡Jajaja! ¡Ya estamos en quinto (año)! ¡No nos dicen nada si faltamos a una clase!” – Dijo el chico mientas se tocaba la entrepierna por sobre el pantalón.

 

“¡Dale! ¡Bajate el pantalón!” – Me ordenaron a coro.

 

Yo me bajé el pantalón y el calzoncillo, ofreciéndoles mi maravilloso e increíble “super culo”, el que, como siempre ocurría, produjo esa muy grata sorpresa, sumado a una cierta incredulidad, inclusive, al verlo con sus propios ojos.

 

“¡Qué culazo! ¡Qué hermoso culo!” – Exclamó uno de los chicos e inmediatamente comenzó a toquetearlo y manosearlo.

 

Mientras me tocaban el culo por turnos, comenzamos a sacarnos el pantalón y el calzoncillo; ellos el del uniforme escolar y yo, el de gimnasia, quedándonos, únicamente, ellos con sus camisas blancas y corbatas azules (el saco ya se lo habían quitado y colgado en un perchero) y yo con la parte superior.

 

El cuadro no podía ser más excitante; los cuatro, en el vestuario del gimnasio del colegio, desnudos de la cintura para abajo y a punto de comenzar a coger.

 

El primero fue el mayor de los chicos, ya su pija bien erecta, se ubicó detrás de mí, mientras yo me agachaba y apoyaba mis manos contra el guardarropa; ya estaba todo listo para la primera de las penetraciones, así que luego de escupir sobre su verga y en mi culo, me la fue metiendo poco a poco.

 

Para nosotros, los gay ultra, super, hiper pasivos, todo es tremendamente excitante, pero sobre todo el instante de la penetración propiamente dicha; el sentir la pija a las puertas del orificio anal, pugnando por ingresar a esa cavidad, estrecha a priori, pero que se va dilatando a medida que va entrando y hasta tenerla “toda adentro”, es algo muy difícil de describir con palabras.

 

“¡Ah!” – Exhalé.

 

“¿Se la metiste toda?” – Preguntó uno de los chicos, mientras esperaba su turno y se pajeaba.

 

“¡Si! ¡toda! ¡Qué hermoso culo!” – Dijo el chico y me preguntó:

 

“¿Te gusta no? ¿Te gusta que te cojan?”

 

“¡Si! ¡Me encanta!” – Respondí, jadeando y gimiendo de placer.

 

“¿Viste? ¡Te dije que era puto! ¡Que le gustaba la pija!” – Dijo el otro chico.

 

Aquello era sublime, maravilloso, alucinante; el chico estaba cogiéndome a más no poder y el golpeteo de su pelvis contra mi culo, se oía inclusive hasta con eco. Era una embestida tras otra y mucho mejor aún, cuando uno de los chicos se paró a mi lado y pude agarrarle la verga, ya que si bien yo no era nada bueno chupando y mamando (recién aprendí con Casandra, el travesti, cuyos relatos ya subí a este prestigioso sitio), me gustaba y vaya si me gustaba, el tener las pijas en mi mano para acariciarlas, toquetearlas, manosearlas, etc.

 

“¡Ah! ¡Oh! ¡Oh! ¡Voy a acabar! ¿Querés que te acabe adentro del culo?” – Preguntó, a punto de explotar.

 

“¡Sí! ¡Acabá adentro! ¡Sí! ¡Me gusta!” – Respondí mientras arqueaba la cintura y me retorcía de placer, de gozo y de satisfacción sexual.

 

“¡Ahhhhhhhhhhhhhhhh!” – Exhaló el chico mientras me llenaba el culo con su leche caliente.

 

“¡Dale! ¡Me toca a mí ahora!” – Dijo otro de los chicos, ya también preso de calentura y excitación y en un movimiento felino, se ubicó detrás de mí y me penetró muy fácilmente, merced al trabajo que había hecho, en mi culo, el otro de los chicos.

 

“¡Qué lindo culo! ¡Qué hermoso puto!” – Dijo mientras me cogía también de una forma alucinante. Esa mañana me dijeron tantas veces la palabra “puto”, pero yo nunca la tomé (ni lo sigo haciendo) como una ofensa, sino, por el contrario, como un halago.

 

“¡Qué ganas de coger que tenía! ¡Me encanta cogerte el culo!” – Exclamó, también con la respiración entre cortada.

 

La pija se movía adentro de mi culo y yo la sentía de una manera increíble ¡Cómo me gustaba aquello! ¡Cuánto lo disfrutaba! Y aún faltaba el tercero de los chicos.

 

Les propongo un ejercicio, a los estimados lectores; hagan un alto en la lectura, cierren los ojos y traten de imaginar o de visualizar, mentalmente, aquel maravilloso cuadro; tres activos, los chicos del quinto año y un pasivo, un puto; yo, de solo primer año; tres preciosas vergas y un super e indescriptible culo; una cogida alucinante.

 

Cuando el segundo de los chicos acabó dentro de mí y llenó también mi culo con su leche caliente, le tocó el turno al tercero, al último de los chicos que, entre paréntesis, era quien tenía la verga más larga, más gruesa y más linda; esa pija era como para enmarcarla y ponerla en un cuadro; era una pintura; una obra de arte.

 

Mi orificio anal ya abierto como una flor, recibió ese hermoso y delicioso trozo de carne caliente y duro como piedra.

 

“¡Ahhhhhh! ¡Ohhhhhhhhh! ¡Ahhhhhhhhh! ¡Qué lindo! ¡Qué bueno! ¡Qué culo! ¡Qué bueno está este puto!” – Palabras, frases, gemidos y jadeos; el tercero era el más expresivo de todos y el que mejor me cogió, si bien, para mí, todas las cogidas son fenomenales.

 

La verga entraba y salía de adentro de mi culo; la sacaba y la volvía a meter; agarraba mis “carnosos cachetes” y lo presionaba contra su pelvis; me cogía, me cogía y me volvía a coger y cuando supuse que acabaría en esa posición, tal y como hicieron los otros dos; sacó su pija, se recostó sobre un banco y me ordenó que lo montase.

 

Yo, sumiso y pasivo a más no poder, así lo hice; me monté sobre ese “mástil erecto” y fui descendiendo, hasta que lo hice entrar por completo; ahora era yo el activo, pero el activo con el culo; yo subía y bajaba y la imagen, para aquel chico y para quienes actuaban como observadores, debió haber sido espectacular.

 

Hubiese deseado que aquel momento durase lo más posible, pero quienes son activos, saben que ello no es factible, ya que el chico acabó, fuerte grito mediante, adentro de mi culo.

 

Me quedé allí, sentado hasta que la flaccidez de la verga de “mi cogedor”, salió prácticamente sola y cuando me incorporé, el abundante semen que tenia dentro de mí, producto de aquellas tres cogidas sublimes y majestuosas, comenzó a chorrear por todo mi culo e inclusive por mis muslos.

 

El “amor después del amor”, a esas edades, no existe; ni besos, ni caricias, ni abrazos; solamente “pija y culo”, así que los chicos se vistieron rápidamente y se fueron los tres juntos, dejándome solo, en aquel vestuario que aún olía a sexo, a placer sexual.

 

Después de limpiar mi culo, mis piernas y todo otro lugar de mi cuerpo, con algunas gotas aún de semen, me vestí y salí del gimnasio, con una sensación tan placentera y tan de relax, que no recabé en el horario por lo que, otra vez más, tuve, camino a mi casa, que inventar una nueva excusa (ya me había vuelto experto en ello), para justificar mi demora.

 

Espero, ansioso, sus comentarios y sus votos. Soy marcos (marcoscomodoro) y mi correo es: comodoromarcos9@gmail.com

 

Besos a tod@s.

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