Ir al contenido principal

Entradas

Quedandome solo con papa Dia 3

Raulito y angelito 8 años

    Raulito y angelito 8 años Jamás pensaría que le estarían reventando el culito a mi hijo y sobrino. Espero este relato sea de su agrado   Me llamo rogelio vivo en casa de mi madre con mi esposa ambos de 25 años y tenemos un   pequeño de 8 años ángel un niño werito delgado muy juguetón con nosotros vive mi hermana la cual es madre soltera con un lindo pequeño mi sobrino raulito de 8 años niño con piel tostada delgado y un lindo trasero.   Jamás me había atraído nada de mi sobrino hasta que paso lo siguiente   Un fin de semana mi esposa y Herman tenían que ir a trabajar así que me quedé a cargo de los niños mi madre siempre se va con sus amigas de visita yo no vi nada malo me puse a ver televisión mientras los niños jugaban en la habitación. Se acercaba la hora de comida y me dirigí a ver que hacían raulito y angelito cautelosa mente me peque ala ...

Mi primo y yo, desde los 13 años parte 5

  Mi primo y yo, desde los 13 años. Parte 5. Me sentí tremendamente ansioso, urgando cada vez más profundo, hasta que de pronto Diego soltó un gemido sonoro. Abrimos los ojos como plato, asustados de que nos podrían haber oído .. Recuerdo esa noche con especial detalle. Hacía frío, y es verdad que al ser un poblado costero el clima solía ir y venir de formas curiosas, pero esa era una noche casi gélida en pleno verano. Encendí la estufa eléctrica, que había acumulado una prominente capa de polvo desde la última vez que había sido usado, y sin embargo el frío seguía calando hasta los huesos. Mis pies se encontraron un par de veces con los de Diego. Ambos usábamos calcetines y pijama largo. La tarde nublada y lluviosa había sido solo la antesala, y ahora estábamos en el climax del espectáculo. Había pasado un mes exacto desde que había llegado aquel invasor del que tanto disfruté los primero...

Mi primo y yo, desde los 13 años. Parte 4

  Mi primo y yo, desde los 13 años. Parte 4 Diego se acercó a mí y me abrazó. No había mucha gente a esa hora en la playa, y nadie nos estaba mirando. Lo abracé también y hundí mi rostro en su cuello. Su pecho se sentía cálido y el sudor no parecía molestar a ninguno de los dos.. Un rayo de sol se coló por la división de las cortinas, impactando de lleno en mi párpado derecho. Poco a poco comencé a despertar y, al mismo tiempo, a sentir la pesadez en mi cuerpo. El brazo de Diego aún seguía aferrado a mi cintura, mi mano izquierda bajo la almohada hormigueaba y dolía un poco. Ví en mi cadera y retaguardia el líquido ya seco de Diego. El panorama bajo nosotros era peor. Las sábanas seguramente tendrían que ser lavadas más de una vez, y ya me estaba encomendando a todos los santos para que el colchón no hubiera sufrido daños también. Disfrutábamos lo que hacíamos. El sexo con Diego era cálido,...

Mi primo y yo, desde los 13 años parte 3

  Mi primo y yo, desde los 13 años – P3 Mientras su pene bombeaba aún dentro mío, llevó sus dedos a mi boca, e instintivamente la abrí para limpiar mi propio semen de su mano. El morbo sobrepasó cualquier límite cuando también él comenzó a lamer sus propios dedos.. Durante el día no dejamos de intercambiar risas, abrazos y besos, e incluso cuando los adultos ya habían vuelto, las miradas cómplices seguían presentes. Me encantaba Diego, o lo que conocía de el hasta ese momento. Por ratos me veía tentado — y él también — a avanzar un poco más, pero debíamos conservar nuestras energías. Quedaba mucho verano por delante, y esa noche en específico era prometedora. A sabiendas de cuáles eran sus pretensiones, me puse a buscar discretamente en mi teléfono sobre sexo anal, y gracias a un blog descubrí que había que hacer una especie de lavado y evitar comer antes del acto, así que eso hice, ...

Mi primo y yo, desde los 13 años parte 2

  Mi primo y yo, desde los 13 años – 2 El solo se limitó a asentir despacio mientras mordía su labio inferior. Comencé besando su pubis, para luego tomar su miembro, caliente, duro, palpitante, y sin soltar su otra mano, lo introduje por fin en mi boca. Su sabor era diferente a cualquier cosa que hubiera probado antes. Se mezclaba su precum, un poco de sudor, y ese aroma dulce tan característico suyo que ahora se transformaba en sabor. Sentí su pubis chocar con la punta de mi nariz, manteniendo su miembro entero en mi boca. Con mi labio inferior sentía sus testículos. Aguanté lo que pude, y succionando fuerte emprendí el camino devuelta. El respiraba cada vez más rápido, y su pene parecía estar a punto de explotar, y para sorpresa de ambos, así fue, pues cuando con mi mano bajé su prepucio dispuesto a jugar con su glande, sentí la punzada que anunciaba su corrida. Su cuerpo entero...